ZAPATILLAS CON LUCES DE GIRO
Zapatillas con luces de giro venían con anagramas de
estrellas. Habían estado en la taquilla del teatro Fray Mocho esperando que un
viejo desmemoriado volviera a relatarlas en su bicentenario. Antes cruzaban el
parque en su cofradía de paya-médicos, una versión cómica de la salud en el
rostro del payaso. Esa tarde, su escritora en un banquito del parque Medrano
sacaba de su bolsillo confituras que al deshacerse en su paladar le llevaban a
las siete diferencias entre un dígito y el Teatro de Arena de Lorca, sabrán la
imposible consecuencia. Su memoria vivida le jugaba una pasada cuando en la
librería perdió una versión de Antonin Artaud. Todo esto se sumaba al valor de
59 pesos aún no cobrados de la boletería.
Zapatillas con luces de giro volvieron de su función. El
viejo recordó que una vez comenzaba la obra había una tolerancia de 10 minutos,
cumplido el mismo, no se permitiría el ingreso a la sala.
(31 de Mayo. El día que mi tiquete de regreso a Colombia
se cumplió. Y de una vez por todas quedé en tierras argentinas. Posdata: Compré
mi primer cuaderno en limpio, ya hacía una falta rayar el claro de la hoja con
ruidosas ideas)

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